Por Redacción
Ciudad de México, 6 de enero de 2026. – Este 6 de enero, millones de familias mexicanas celebran el Día de Reyes con la tradicional Rosca de Reyes, un pan dulce circular que simboliza la unión, la gratitud y el recuerdo de la llegada de los Reyes Magos al niño Jesús, según la tradición católica. La rosca, elaborada con masa enriquecida con huevo, mantequilla, vainilla y ralladura de naranja, se decora con fruta cristalizada de colores vivos —cereza, higo, limón, naranja y calabaza— que representan las joyas de los tres reyes: Melchor, Gaspar y Baltasar. En su interior se esconden figuritas de plástico (generalmente el niño Jesús, pero también a veces reyes o animales), y quien encuentre el muñeco en su rebanada debe invitar a tamales o una nueva rosca el siguiente año, una costumbre que refuerza los lazos familiares y de amistad. La tradición del 6 de enero remonta sus raíces a la época colonial en México, cuando se fusionaron costumbres europeas —como el pastel de los tres reyes en Francia y España— con elementos prehispánicos de ofrendas circulares y alimentos compartidos en comunidad. En la Nueva España, las familias acomodadas preparaban roscas grandes para compartir con sirvientes y vecinos, mientras que en los hogares humildes se hacía con ingredientes sencillos. Hoy, la rosca es un ícono nacional: se consume en desayunos familiares, reuniones de oficina, escuelas y hasta en redes sociales, donde miles publican fotos de sus “bebés” encontrados y planean la tamalada del 2 de febrero (Día de la Candelaria). En 2026, las panaderías y pastelerías reportan un aumento en ventas de hasta 30 % respecto al año anterior, impulsado por la recuperación económica post-pandemia y el auge de versiones gourmet: roscas rellenas de crema pastelera, chocolate, nutella, cajeta o frutas secas, y ediciones veganas, sin gluten o con sabores exóticos como matcha, lavanda o chocolate con chile. Las más tradicionales mantienen la receta clásica con azúcar glas y almendras enteras, y muchas incluyen hasta ocho figuritas para que más personas “gane” la obligación de los tamales. En hogares y comunidades, el ritual es casi sagrado: la rosca se coloca en el centro de la mesa, se corta en rebanadas equitativas y se acompaña con chocolate caliente, atole, café de olla o ponche navideño. Los niños dejan sus cartas a los Reyes Magos la noche del 5 de enero junto con zanahorias y agua para los camellos, y al amanecer encuentran regalos bajo el árbol o en los zapatos. En muchas familias, la tradición incluye posadas extendidas o villancicos antes de partir la rosca. Este año, la celebración cobra un matiz especial en el contexto nacional: con la reciente tensión regional por la intervención en Venezuela y las declaraciones de soberanía de la presidenta Claudia Sheinbaum, muchas familias destacan el valor de la unidad familiar y la tradición como refugio ante la incertidumbre. En mercados como la Merced, Coyoacán y Jamaica en la Ciudad de México, las roscas artesanales se agotaron desde el 5 de enero, y panaderías locales reportan producción récord. En redes sociales, el hashtag #RoscaDeReyes y #DíaDeReyes acumulan millones de publicaciones con fotos creativas: roscas gigantes en forma de corona, versiones temáticas de películas o series, y hasta roscas veganas con fruta fresca. Quien encuentre el niño Jesús no solo “gana” los tamales, sino que también representa la protección y el cariño familiar, ya que tradicionalmente se le cuida hasta la Candelaria. Así, el 6 de enero no es solo un día de pan dulce y sorpresas, sino una celebración de la esperanza, la generosidad y la continuidad cultural que une a los mexicanos en todo el mundo.
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